Extrañamente a lo que puede parece cuando se borra un archivo, en realidad el disco duro no lo borra completamente, es decir, aún puede recuperarse. Esto ocurre porque en realidad el espacio que ocupaba el archivo pasa de estar “ocupado” a “disponible”, algo que no es igual a “libre”. Por lo que si queremos
conseguir que los ficheros queden completamente inaccesibles necesitaremos que
Eraser haga su trabajo.
El trabajo de
Eraser es bien simple, una vez ejecutado
escribirá aleatoriamente sobre los archivos que queramos borrar definitivamente varias veces, de forma que
si se intentan recuperar esos archivos, será totalmente imposible hacerlo.
Eraser se integra completamente en la papelera de reciclaje, de forma que cuando la borremos, será él el encargado de conseguir que nada de lo que se había borrado quede mínimamente disponible.
La interfaz de
Eraser es muy simple y con ella es fácil
programar tareas de borrado automático para aumentar la seguridad de nuestros datos. Además, también
se integra en el menú contextual permitiendo borrar un archivo fácilmente.